Lunes 10 de Julio de 2006 | 4:07 pm
Grosso camina serio y confiado. Igual que contra Australia donde fue objeto del penal que luego el indiferente Totti cambió por gol, e idéntico a la semi con Alemania en donde definió de zurda y cruzado sabe que la Copa del Mundo le ha guardado un cuadro de honor. Toma cinco pasos de carrera, mira fijo a Barthez y ejecuta de zurda. Seco y cruzado. Le rompe el arco. Italia es el campeón.
Su corrida atraviesa toda la cancha. La dificultad de sus compañeros para agarrarlo y expresarle su agradecimiento es la misma que han tenido los rivales para contenerlo. El delirio está instalado. El campo de juego es una sucursal del manicomio. Cannavaro se arrodilla. Buffon agradece. Totti se disfraza. Gatusso se desnuda. Camoranesi se saluda. Pirlo y Lippi se abrazan.
Comenzar la crónica del partido por el final, es un acto de justicia para con el nuevo monarca del futbol mundial, pero al mismo tiempo un hecho lógico teniendo en cuenta la cantidad de situaciones impredecibles que se dieron a lo largo de ciento veinte minutos. En ellos todos y cada uno de los actores pusieron su sello, pero uno especialmente condensó la gloria, el drama y especialmente el morbo.
La gente asistió a la obra cúlmine de Zinedine Zidane como quien aguarda el último do de pecho de un consagrado tenor, o el trazo final sobre el lienzo de un artista exitoso. Zizou les devolvió un poco de todo. Fue genial y desubicado en la ejecución del Código Penal, exponiendo el “don de la inconciencia”. Fue generoso con sus compañeros, repartiéndole juego a todos sin distinción como quien entrega caramelos a los chicos en la plaza. Fue inteligente a la hora de dosificar su esfuerzo cuando el partido empezaba a mortificarlo físicamente y sus lugartenientes Makelele y Henry asumieron el mando. Finalmente fue bárbaro, salvaje y brutal cuando agredió al italiano Materazzi.
Las reacciones fueron múltiples. Primero la pena por el cierre de una carrera genial que no encontró el broche de oro esperado. Luego el estupor, ante tamaña reacción indefendible e incalificable. Mas tarde la horfandad, que evidenciaron sus compañeros al sentir la ausencia de su comandante. Finalmente el despecho, de la Copa del Mundo que romànticamente lo esperaba paciente y que vio como impuntual pasó a su lado, para saber a partir de ese momento que estaría en las manos de otro cuerpo pero con camiseta azul.
Para Italia esa fue la vía libre, la señal de largada. Durante dos horas el equipo de Lippi, fiel a sus principios aguardó su momento. Con un Cannavaro excelso abriendo a toda hora el manual del defensor ilustrado. Con un Buffon de antología en un par de acciones ante Zidane y Henry, y con “el arquitecto” Pirlo construyendo desde la mitad de la cancha las dosis homeopáticas de fútbol que los de la península suipieron poner en el terreno. El resto salvo espasmos de Camoranesi y Gattusso jugó como siempre con la calculadora como aliada incondicional, esperando el error del rival antes que el intento de forzarlo.
El final de la historia es conocido y sus imágenes recorren las redacciones y los canales desde hace horas. Como cada doce años desde el ‘70 a ésta parte, Italia inscribió su nombre en la final para luego, ahora igual que en 1982 , desatar la locura.
LLegaron envueltos en un escándalo, se van abrazados a la gloria. Los problemas judiciales, las escuchas telefónicas y los supuestos arreglos de partidos por ahora pueden esperar. Italia Campeón del Mundo 2006, y que conste en actas. Italia Campeón del Mundo 2006. Notifíquese, publíquese… y archívese.
Lunes 10 de Julio de 2006 | 2:09 pm
Se acabó el Mundial, llegó la hora del adiós y del reconocimiento a todos los que hicieron posible este blog durante estos 47 días. El esfuerzo real es de todos los que lo llevaron adelante desde Buenos Aires. Para los que pudimos ver el Mundial desde Alemania, la cobertura fue un placer y un privilegio incomparable.
Me pongo por un rato en la piel de Romay y empiezo con los agradecimientos:
A Matías, Victor Hugo, Román, Dany y Juan Pablo por dejarme compartir un rato con los más grandes
El equipo de deportes de la página, liderado por Fernando Molina: Alejo Vetere, Juan López, Tomás Rivas, Juan Pablo Bacino, los verdaderos responsables de la mejor cobertura en Internet del Mundial
A Sandra Venditti, Gastón Roitberg, Florencia Fernández Blanco y Maricruz Luzar, en la edición desde la redacción
A la gerencia de Medios digitales, a cargo de Guillermo Riera
Al equipo de desarrollo: Juan Ladetto; Ariel Velaz, Diego Anllo, Roger Mantilero, Claudio Romano, Cristian Fortunato, Darío Aguilar y Guillermo Cullen
Al equipo de LA NACION en Alemania, liderado por Daniel Arcucci: Cristian Grosso, Claudio Mauri, Martín Castilla, Andrés Prestileo, Alejandro Pagni, Gerardo Horovitz y Luis Zurutuza.
A Mariana Robin, Azul Cecinini, Cecilia Wall, por su ayuda inclaudicable
A los lectores que participaron activamente del blog con sus opiniones, críticas y comentarios(¡Gracias 25 Chicken!)
A todos los que que colaboraron con la previa del blog
¡GRACIAS!
Lunes 10 de Julio de 2006 | 5:21 am
Perdió la cabeza y le metió un cabezazo que aún le duele a Materazzi. Tarjeta roja, la decimocuarta de una carrera que, además de tanta gloria y tanto fútbol, tiene manchas de indisciplina. De esas 14 expulsiones, 11 llevan la roja directa. El motivo es siempre el mismo: agresión al rival. La causa también: el fastidio ante la marca o la provocación. Hace trece años, en un Bordeaux v. Marsella, respondió un insulto de Marcel Desailly con un cortito al pómulo derecho. Primer carton rouge y dos puntos de sutura para su compañero de la cosecha 98 campeona del mundo. En 1995, aún en Bordeaux, le pegó un codazo al alemán Fink y pagó con tarjeta. En 1997, llegó a las manos con Enrico Chiesa en un Parma v. Juventus y recibió su bautismo rojo en el calcio . También en el Mundial de Francia mostró su sangre caliente . Frente a Arabia Saudita, pisó a un tal Fouad Amin que estaba en el piso y fue suspendido por dos partidos. Regresó para los cuartos ante Italia y terminó consagrándose en la final ante Brasil.
Agrandó su prontuario en la temporada 99-00 de la Champions League. Casi lo parte al brasileño Emerson en un Juve v. Deportivo La Coruña y recibió seis fechas de suspensión por un cabezazo al alemán Kientz, férreo marcador de Hamburgo que lo había conectado con un golpe en la espalda. Después de tres años y medio con conducta perfecta, volvió a las andadas en 2004 con Real Madrid, en plena crisis de juego y resultados. Se le escapó un manotazo a Pablo Alfaro, un especialista de la provocación. Hasta ayer, la última hoja de su libro rojo era una expulsión ante Villarreal en abril de 2005 por un intercambio de golpes con Quique Alvarez.
Después de este incidente, el diario L Equipe publicó un editorial sobre sus reacciones callejeras: “Siempre se lo ha considerado un Mozart del fútbol, pero este Mozart nunca se ha dejado intimidar y a menudo ha respondido con una ferocidad insuperable”. Parece escrito ayer y se llama “Zidane, la valija de las tarjetas”.
Zizoupagará exceso de equipaje por su acción contra Materazzi. Vaya uno a saber qué le dijo el central italiano en ese intercambio de palabras. Vaya uno a saber cómo se enteró Horacio Elizondo. Si a través de Darío García (nadie lo tapaba) o a partir del video que rápidamente expuso la insensatez del único futbolista creativo que podía ganar el premio al mejor del Mundial. Lo concreto es que su carrera como futbolista ha terminado con un cabezazo al pecho de un rival en la final de Alemania 2006. Después del Mundial 98, la Eurocopa 2000, la Champions 2002 y la Liga 2003 con Real Madrid, dos scudetti con Juventus (97 y 98) y 3 Balones de Oro (1998, 2000 y 2003), todo ha acabado de la peor manera.
Su último momento televisivo lo registra en el camino al vestuario, pasando al lado de la copa, señal de lo que ocurriría después en los penales. No volvió al terreno de juego para retirar la medalla para el subcampeón. Me hubiera gustado ser el Zidane de la volea al Bayer Leverkusen o el de los dos cabezazos a Brasil, pero mucho más estar en su cabeza durante esos quince minutos posteriores a la expulsión, llenos de soledad.
Invisible contra Suiza y Corea, debió purgar sus dos amarillas (siempre paga con tarjeta el hombre) en el decisivo partido ante Togo. Justo el día de su cumpleaños número 34, sus compañeros le regalaron el triunfo que no sólo le permitió seguir jugando, sino también volver a brillar. Los españoles le garantizaban la jubilación en octavos. Los mandó de regreso a su casa y se guardó la última imagen: ese gol a su compañero Casillas. Contra Brasil, fue sencillamente extraordinario y sólo le faltó hacer llover. Didier Deschamps dijo que había sido su mejor función con la camiseta nacional. Definió el resultado ante Portugal y puso a Francia en la final. Humilló a Buffon con un delicioso penal marca Panenka (el checo que patentó la picadita en la final de la Euro 76 ante Alemania).
Era el mejor del partido, pero su loco Mundial debía terminar con un rapto de locura. El hombre que más y mejor usó la mente en los últimos 20 años de fútbol perdió la cabeza en un segundo y metió ese infame cabezazo que todavía nos duele.
Lunes 10 de Julio de 2006 | 5:20 am
Señoras y señores, Italia tiene la fórmula para ganar Mundiales: llegar como el peor le garantiza irse como el mejor. Y si bien no aterrizó en Alemania 2006 cargando con aquellos cuestionamientos futbolísticos que la habían acompañado hasta España 1982, sí lo hizo en medio de la terrible tormenta provocada por el escándalo de corrupción que hoy mismo oscurece al calcio . Algo seguramente peor que las críticas que recibía aquel equipo de don Enzo Bearzot y que, con la Copa del Mundo en las manos, había obligado a acuñar la frase de justificación, hoy más vigente que nunca: “Era el peor; fue el mejor”, se dijo entonces. Y algo parecido podría afirmarse ahora, cuando quien levanta el trofeo por cuarta vez en la historia de su seleccionado es nada menos que Fabio Cannavaro, si no fuera porque el mejor jugador de este Mundial ya había acuñado otra frase para el recuerdo: “La rabia nos hace mejores”, disparó, desde la Casa Azzurri de Duisburgo.
Es que, ¿cómo no iban a alcanzar los truenos y los relámpagos de semejante tormenta a la Nazionale , si estaba integrada en su base y en su esencia por esa Juventus que aparece en el centro del huracán? ¿Cómo no iban a apropiarse de eso los Cannavaro, los Buffon, los Zambrotta, los Camoranesi, los Del Piero -y con ellos sus compañeros-, si era la única opción posible para transformar la vergüenza y la bronca en energía positiva y en factor de unión para el grupo?
Italia llegó a Alemania dispuesta a ganar el Mundial con y por una nueva imagen, pero terminó llevándose justicieramente el título con y por sus viejos recursos futbolísticos. Algo así como que la nuova Italia, que se proponía atacar más y mejor, tuvo mucho de la vecchia para ganar, fundamentada en una defensa fiel a sus orígenes. Después de aquel debut con revolucionaria actitud ofensiva frente a Ghana, se hizo fuerte en el camino hacia Berlín -que no fue precisamente una autopista alemana- en un arquero y una defensa impecables. Sólo dos goles, uno en contra y el otro de penal, recibió en siete partidos, pero ése sería sólo un soporte estadístico incompleto si no se enfocaran los reflectores sobre los hombres que lo hicieron posible. Y si éste fue, al fin, el Mundial de las defensa, ¿quién iba a ganarlo que no fuera Italia? Hasta en aquel famoso partido de las cuatro puntas, contra Alemania, las grandes figuras terminaron siendo Cannavaro y Buffon. “El fútbol, y más que el fútbol, la vida, tiene estas cosas”, dijo en el medio de la fiesta azzurra Marcello Lippi, sin perder ante las cámaras esa compostura artística de Paul Newman con anteojos: “Yo quería este título sobre todo por dos jugadores que han sufrido mucho en el pasado y que, simplemente por la fuerza que tienen, representan la característica de todos en este plantel. Por Cannavaro, que es el mejor del mundo en su puesto y hoy lo volvió a demostrar. Y por Buffon también, porque si bien no detuvo ningún penal, fue él el que forzó el error de Trezeguet, con su presencia y con su postura”.
La fórmula del triunfo, en motivación y en nombres, quedará así certificada y patentada.
Domingo 9 de Julio de 2006 | 7:53 pm
. Porque le ganó sin dejar dudas al local en semifinales
. Porque tuvo a varios jugadores en un altísimo nivel: Buffon, Cannavaro y Pirlo
. Porque Trezeguet falló su penal
. Porque Zidane se hizo expulsar tontamente
. Porque de una situación adversa (el escándalo por corrupción en el calcio), supo unirse para conseguir su objetivo
. Porque también tuvo una dosis de suerte al enfrentar dos rivales sencillos en octavos y en cuartos de final
. Porque Francia no supo ganarlo cuando estaban 11 contra 11 y era superior
. Porque tiene una de las camisetas más lindas del Mundial
Domingo 9 de Julio de 2006 | 6:35 pm
Adiós al Mundial. El fútbol italiano -muy golpeado por los problemas de corrupción- logró el título tan ansiado, cuando muy pocos lo daban como candidato antes del comienzo del torneo y luego de la primera rueda.
En octavos debió sufrir ante Australia, superó los cuartos más cómodo ante Ucrania y después dio el golpe ante Alemania. En el partido de hoy pudo ganarlo por algunos momentos y perderlo en otros, pero en los penales fue más certero. ¿Debió arriesgar más ante la expulsión de Zizou? ¿O el resultado demuestra que la táctica fue la correcta? ¿Es Zidane el responsable de la derrota de los Bleus?
Domingo 9 de Julio de 2006 | 6:23 pm
A diferencia del partido inaugural, al árbitro argentino le tocaron varias decisiones díficiles y acertó en las situaciones más complicadas: el penal de Materazzi a Malouda y la expulsión de Zidane. Aquí una síntesis de sus fallos.
Primer tiempo
1′ Primera decisión. Detiene el juego por caída de Henry, que chocó con Cannavaro
4′ Amonesta a Zambrotta por falta a Vieira
5′ Cobra el penal de Materazzi a Malouda. Correcto fallo
10′ Amonesta a Sagnol por falta a Grosso.
26′ Anula cabezazo de Materazzi en el área de Francia por falta.
Segundo tiempo
3′ Anula jugada de riesgo para Italia por offside de Pirlo
16′ Offside de Iaquinta, que termina en la red. Correcta anulación del gol
21′ No cobra una mano de Toni
30′ Amonesta a Darra por protesta
Suplementario
3′ ST expulsa bien a Zidane -a instancias del asistente Darío García, por cabezazo a Materazzi
Domingo 9 de Julio de 2006 | 4:53 pm
Trenes puntuales, organización implacable, prolijidad alemana pero… falló. A los cientos de televisores que tienen los periodistas para ver la repeticiones de las jugadas mas polémicas, se les cortó la transmisión promediando el primer tiempo, al igual que las pantallas gigantes del estadio. Finalmente, antes de que empiece el segundo tiempo, volvió la imagen.
Domingo 9 de Julio de 2006 | 2:18 pm
Falta muy poco para el pitazo de Elizondo de comienzo a la final y las tribunas empiezan a tomar color. Los hinchas italianos (izquierda) llegaron desde temprano y son los que más alientan. Los franceses los igualan en cantidad, pero todavía no se hicieron sentir.
Domingo 9 de Julio de 2006 | 1:20 pm
Si existe el índice McDonalds -que mide el precio del Big Mac en las ciudades más importantes del mundo-, también debería existir el índice del panchogaseosa. Lo que en cualquier cancha argentina podemos conseguir por unos cinco pesos aproximadamente, en el estadio de Berlín cuesta 7 euros (3,50 de gasesosa más 3,50 de pancho).
Si con esta comida nutritiva nos quedamos con hambre, podemos agregar un helado de palito que vale otros tres euros. Total = 10 euros = 40 pesos.